Una Palabra para la Semana: Paciencia

24 de Mayo 2020

UNA PALABRA PARA LA SEMANA: Paciencia

Calma y tranquilidad para esperar, una virtud llena de fe en lo no-visto y esperanza de que va a ocurrir, un fruto del Espiritu Santo, la capacidad de manejar la incertidumbre y los errores propios y ajenos con compasión y empatía
 
Queridos parroquianos, 

Hoy, día en que muchos países del mundo celebran la Fiesta de la Ascensión, un evento que marca el comienzo de la espera de Pentecostés, imagino a los apóstoles regresando a casa después de haber visto como Jesús ascendía al cielo y los dejaba solos, y pienso que en ese presente de incertidumbre, fue sin duda la PACIENCIA la fuerza que les permitió esperar en oración la venida del Espíritu Santo. En este último domingo de la cincuentena pascual, aún sumergidos en la pandemia del coronavirus, necesitamos acudir a la PACIENCIA, a esa calma interior que nos permite enfrentarnos, con paz y tranquilidad, como dice mi mamá, a las situaciones de incertidumbre, para manejar las dificultades y el estrés de vivir en cuarentena,  compartiendo espacios con hijos y pareja en situaciones de permanente intimidad, donde la privacidad ha casi desaparecido.

La PACIENCIA vive intensamente en el presente y es un componente vital del amor.  En este presente de pandemia la PACIENCIA se convierte en una virtud indispensable para que el hogar sea un espacio de paz y armonía. Algunas personas asocian la PACIENCIA con la resignación y el sufrimiento, yo les propongo pensar en ella como una virtud activa, definida por una fe profunda en lo no-visto y la esperanza plena de que el tiempo de Dios es perfecto y su voluntad y providencia llena de amor intenso por nosotros. Cuando el sentir popular dibuja la paciencia con colores de pasividad, no está hablando realmente de la energía y alegría de este fruto del Espíritu Santo, sino de la sumisión y el desconsuelo que llevan a la apatía, a una espera que desespera, porque ni confía, ni ama, ni tiene esperanza. 

La PACIENCIA es una fuerza extraordinaria, que perdona, comprende, acompaña con ternura, y sobre todo, nos permite regocijarnos en la esperanza.  La PACIENCIA es también un músculo del alma que se ejercita cada vez que miramos con compasión y empatía a nuestra pareja, a nuestros hijos, a nuestros padres, pesar de que el roce de la cotidianeidad en pandemia, atente contra el amor.  Es una capacidad que se incrementa cuando entendemos la frustración de nuestro adolescente en cuarentena y lo amamos más porque vemos la falta que le hacen sus amigos. Es un hábito que se adquiere poco a poco, cuando frente a la energía desatada de los chiquiticos que ya no encuentran qué más inventar porque el universo se les ha reducido de tamaño, encontramos repuestas creativas y cariñosas para sus desaguisados.  La PACIENCIA es un hilo invisible que nos une como familia, que nos ayuda a decir lo que sentimos y pedir lo que necesitamos con respeto y cariño. Por eso es un ingrediente imprescidible para la convivencia en estos tiempos de pandemia.

¡No es tan difícil! Hoy por ejemplo, ejercitamos la PACIENCIA cuando nos quedamos obedientemente en casa, cuando logramos que todos se vistieran para disfrutar la misa dominical online, cuando ofrecimos a Jesús nuestra impaciencia e hicimos una comunión espiritual.  Con PACIENCIA nos es posible ver con amor y en amor todo lo que nos rodea, podemos entender y aceptar los errores de los demás, porque reconocemos que tenemos muchos propios.  Los invito a que esta semana, junto a las oraciones por el cese de la pandemia, recemos para que nuestro amor crezca en PACIENCIA.  Esforcémonos por integrar esta disciplina del alma, pasito a pasito cada día, con una palabra, una sonrisa, una actitud de afecto, para activar así su poder sanador en nuestro hogar y nuestra familia extendida. 

Paz,
Laura Celis Black
Moderadora
Parroquia Virtual Venezolana